- ¿estas triste?
- no, en realidad no
- ¿te urge suicidarte?
- no, en realidad no
- ¿ te gusta platicar?
- depende
- ¿de qué?
- del tema
- ya, claro, ¿como te llamas?
- pedro
- gabriel, mucho gusto
- ...
- ¿sabes? verte aquí, sobre este edificio a esta hora, tan dispuesto a lanzarte y perder la vida es poético, no quería arruinarlo, pero por otro lado sé que tienes algo que decir...
- no, en realidad no
- pero ¿por qué dejar de vivir?
- ...
- sabía que arruinaría el momento, ¿aún así tienes ganas de lanzarte, en medio de esta conversación tan desagradable?
- tienes razón, lo has arruinado
- puedo irme si quieres, tal vez no este todo perdido, digo, me voy, pasan unos minutos, te olvidas de mi, la poesía regresa, penetra la escena y te lanzas, todo perfecto.
- ¿eres gay?
- creo que no
- yo si
- ah, ¿por eso te suicidas?
- ...
- tienes razón, cada vez lo empeoro más
- ...
- ¿sabes? esto ya se jodió, solo hay una forma.
- ...
Gabriel se acerca a Pedro, retrocede la pierna izquierda, se apoya con la derecha y patea a Pedro en el pecho, Pedro cae sonriendo mientras sujeta un llavero con muchas calaveritas.
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