dice google que hay gente que sigue visitando estás ruinas, así que mejor les dejó mi nueva casa de infonavit
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gabolonio
lunes, 3 de julio de 2017
martes, 13 de diciembre de 2016
Veñ, Carlota - Día 8
A nosotros los nacos, nos cuesta muchísimo trabajo cultivarnos porque no estamos rodeados de conocidos que nos recomienden buenos libros, buenas películas, buena música, etcétera. Es cierto que mi padre me inculcó la lectura, pero lo hizo pensando en la gente que él admira que lee libros como Padre rico padre pobre. Lo que quiero decir es que comencé leyendo Quién se robó mi queso, El alquimista, Frankestein, alguna traducción barata de La Iliada y cosas así. Nunca he entendido el canon cultural, aunque sí sé lo que es. He estado intentado leer obras que hablen de otras obras para por lo menos poder decir "sólo he leído que no sé leer". Ya sé, estuvo mamón. Fue así como me enteré de la existencia de libros importantes, nuevos clásicos y autores respetados; y de hecho me sigo enterando. Ya me echado obras como El Testigo, Las batallas del desierto, Diablo Guardián, La conjura de los necios, Los relámpagos de agosto y algunos otros pero no llego a los cien, chance cincuenta. La vida del esnob principiante es una aventura y por eso quiero hablar de mi más reciente conquista.
Hoy por la tarde terminé el libro más difícil que he leído hasta la fecha, el más monstruoso, el más exigente, el que menos he entendido, el que más voy a presumir con mis dos conocidos que hablan de libros; me refiero a la que es considerada por los especialistas de la revista Nexos como la mejor novela mexicana de los últimos treinta años: Noticias del Imperio, del muy brillante y riguroso escritor chilango Fernando del Paso. Tardé dos meses y está bien. Para escribir el tabicote su autor tardó dos años dedicado exclusivamente a la investigación y se nota. La cantidad de datos duros que se presentan es nauseabunda, pero la manera de reflejarlos es un auténtico espectáculo de acrobacias narrativas y lingüísticas elegantísimas.
(Perdón que interrumpa, pero no uso esos adjetivos queriendo validar nada. Lo hago para retener impresiones en mi débil memoria)
La cantidad de voces perfectamente moduladas en sus diferentes tonos es increíble. Habla Carlota, Maximiliano, Napoleón el pequeño, Benito Juarez, generales franceses, jueces mexicanos, cornudos morelenses, vagabundos capitalinos, espías republicanos, y según leí, también Porfirio Díaz, pero la verdad no me di cuenta, no sé si por distraído o porque está medio oculto.
Hay varios capítulos titulados Castillo de Bouchout 1927, que son monólogos de Carlota loca. Debo confesar que cada que terminaba un capítulo, internamente rezaba para que no siguiera uno de Carlota, son pesadísimos y muy exigentes. Es el devenir mental de una emperatriz olvidada y loca con una cultura universal inmensa y unas obsesiones personales causadas por la perdida del imperio mexicano y del amor de su vida, Maximiliano. Me distraje mucho en los monólogos de Carlota y a veces dejaba pasar un par de líneas siguiendo solamente las letras sin entender, pero sin importarme demasiado si me perdía un par de recursos poéticos. No lo lamento. Si me hubiera concentrado más, apenas llevaría doscientas páginas y, una disculpa por no mencionarlo antes, pero tiene 1050 páginas.
El resto de los capítulos los pude apreciar mejor. Tenían narrativa lineal y voces cuerdas. Hay uno que narra una escena de tortura por parte del terrible general francés Charles Du Pin hacía un soldado republicano que me gustó básicamente porque me maman las escenas de tortura. Otro capítulo narra, desde la voz de un espía mexicano, cómo fue emboscado un regimiento francés. En otro más un vagabundo platica con el nuevo perro que adoptó cómo era la vida capitalina en aquellos días. El capítulo del esposo jardinero de la amante de Maximiliano está bien bonito porque él (el jardinero) la quería mucho y como sabía mucho de flores, usa muchos recursos de jardinería. Spoiler: le ponen el cuerno bien culero, pero spoiler justiciero: matan a Maximiliano. Benito Juárez siempre se vio bien jefe en sus capítulos. Uno de los últimos capítulos demuestra una vez más el genio de Fernando pues da oportunidad a Maximiliano de planear el protocolo para su propio fusilamiento que, en lugar de realizarse en el Cerro de las Campanas, se realizaría en el Palacio Imperial. Esto es especialmente brillante porque a Maximiliano le mamaba escribir protocolos y darle dignidad a su persona. Ese capítulo es aburrido porque es un protocolo, pero está redactado en un lenguaje aburrido perfecto, eso me habla de la paciencia y la disciplina del autor.
No se los recomiendo porque nunca nadie le hace caso a mis recomendaciones. Mejor me despido aceptando que al final sí me enamoré de Carlota; pobrecita, qué bonita, veñ.
El resto de los capítulos los pude apreciar mejor. Tenían narrativa lineal y voces cuerdas. Hay uno que narra una escena de tortura por parte del terrible general francés Charles Du Pin hacía un soldado republicano que me gustó básicamente porque me maman las escenas de tortura. Otro capítulo narra, desde la voz de un espía mexicano, cómo fue emboscado un regimiento francés. En otro más un vagabundo platica con el nuevo perro que adoptó cómo era la vida capitalina en aquellos días. El capítulo del esposo jardinero de la amante de Maximiliano está bien bonito porque él (el jardinero) la quería mucho y como sabía mucho de flores, usa muchos recursos de jardinería. Spoiler: le ponen el cuerno bien culero, pero spoiler justiciero: matan a Maximiliano. Benito Juárez siempre se vio bien jefe en sus capítulos. Uno de los últimos capítulos demuestra una vez más el genio de Fernando pues da oportunidad a Maximiliano de planear el protocolo para su propio fusilamiento que, en lugar de realizarse en el Cerro de las Campanas, se realizaría en el Palacio Imperial. Esto es especialmente brillante porque a Maximiliano le mamaba escribir protocolos y darle dignidad a su persona. Ese capítulo es aburrido porque es un protocolo, pero está redactado en un lenguaje aburrido perfecto, eso me habla de la paciencia y la disciplina del autor.
No se los recomiendo porque nunca nadie le hace caso a mis recomendaciones. Mejor me despido aceptando que al final sí me enamoré de Carlota; pobrecita, qué bonita, veñ.
domingo, 11 de diciembre de 2016
Club de Cuervos - Día 6
Lo único más patético que ser crítico por cobardía es criticar críticos por envidia. Sería capaz de hacer un cortometraje solo para poder decirle a los críticos "por lo menos sí tuve los huevos" o algo así. Pero no todos los textos sobre obras ajenas tienen que se críticas formales. Un par de veces he sentido el impulso de escribir sobre el trabajo de algún tercero, hacer un texto más extenso, pero el desprecio que siento por los críticos me frena siempre, no quiero ser ese adolescente que en las tardeadas se queda a criticar a los que se mueven torpemente mientras suena human disco ball, porque ya lo fui, porque aprendí a respetar a los que hacen. Tampoco quiero demostrar que yo entiendo mejor una obra, ser ese tío que se encabrona viendo un partido y además se siente más verga porque sabe más de futbol que los demás, no quiero ser esa frustración. Tampoco creo en el vengador social, en ese que protege a la sociedad de los directores maldosos que quieren conquistar el mundo con su mal cine. Hoy decidí que escribiré de una serie que terminé, pero lo haré motivado en el olvido, tratando de engañarlo un poco. He visto y olvidado tantas películas y programas. Ya no recuerdo porque estaba fascinado con las cosas con las que lo he estado. No sé por qué fue importante South Park, Dragon Ball, Zenki, Sailor Moon, Charmed, La oreja, El juego de la vida, Evangelion, Samurai Champloo, Roma, Sopranos, The Wire. Ya pasó mucho tiempo. No sé por qué les dedicaba tanto tiempo ni qué me gustaba tanto de ellas. Lo puedo medio adivinar, pero lo cierto es que ya se borró casi todo. Hay un ilustrador que cada que termina una película le hace un dibujo. Creo que si escribiéramos las impresiones de las cosas importantes que hemos visto, no las olvidaríamos tan pronto y tal vez podríamos controlar un poco más la manera en la que nos afectan. Con esta entrada inauguro mi sección de recordador de sensaciones.
Ayer empecé y hoy terminé la segunda temporada de Club de Cuervos. Me hace muy feliz Hugo Sánchez, en el episodio tres fue buenísimo, pero llegó a su punto más brillante con la referencia a Thundercats. Esa parte me llegó profundo porque es una burla de esos amores a primera vista que se desarrollan mágicamente. Siempre he querido conocer a alguien de esa manera porque la televisión y el cine me enseñaron que así se conoce a la pareja perfecta, que le tiras los libros a alguien que ama lo mismo que tú y el destino se encarga del resto. Fue como burlarme de una parte de mí que no sabía que tenía. El otro protagonista es Chava Iglesias, que se dedica gran parte del episodio a visitar los distintos mundos sorpresa que hay en las casas de campaña que están en la fiesta en la playa organizada por el magnate Ricky Lamas. En el viaje sentí una mezcla de envidia y ternura por Chava. Por una lado está persiguiendo a la comentarista deportiva mamacita a través de distintos escenarios llenos de lujos creativos para juniors aburridos de la vida. Nunca en mi vida iré a una fiesta así, ni cogeré con una morra así. En realidad no sé por qué me da ternura, supongo que porque el personaje está hecho para eso. Para estar seguro de sí mismo basándose en su poder y a través de toda la estupidez que representa el cliché del mirrey. Creo que burlarnos de los mirreyes sigue siendo la mejor manera de sobrellevar el no serlo. Esa sensación es mi favorita de la serie. El morbo de ver cómo se vive en los círculos más altos del deporte que sigue teniendo agarrado de los huevos a México. Mad Men es a los creativos lo que Club de Cuervos es a los pamboleros. Nos urgía esa ficción. Nos urgía imaginar cómo son los titiriteros de nuestra pasión. No es que yo ame el futbol, pero en México la pirámide alimenticia de las morritas sigue teniendo hasta arriba a los futbolistas. Lo que quiero decir es que el futbol siempre va a estar ahí, siempre vamos a llegar a la casa de un familiar que está viendo un partido, siempre nos van a invitar a ver una final, siempre veremos a un niño feliz con sus tachos nuevos o triste porque perdió una cascarita, siempre nos tocará orinar en el baño junto a alguien con una playera de su equipo favorito. Siempre ha estado ahí, pero nunca nos habíamos imaginado tan bien cómo funciona. Y si esto me generó el episodio tres a partir de la risa, el resto de los episodios lo hace con otros recursos, por ejemplo el episodio nueve se desarrolla como un misterio. El melodrama no podía faltar en el país de las telenovelas. No tengo ni puta idea de cómo se cierra un texto sobre una serie. ¿Puedo hacerlo diciendo que no mamen con Daniel Giménez Cacho disfrazado de Heissenberg? Tantita madre, hombre.
sábado, 10 de diciembre de 2016
Fragmentos de pláticas con Genaro I - Día 5
Cuando nosotros estábamos niños casi no había carros. Si alguno llegaba a nuestro rancho, era tanta nuestra fascinación que le sacábamos el aire a las llantas para que no se pudiera ir y seguirlo viendo. Me dio risa y para Genaro una risa es como una aclamación a que siga. Cerró los ojos como haciendo una travesura y comenzó a picarle a la válvula de una llanta invisible, así, Gabriel, le sacábamos todo el aire para que no se fuera y hacía un ruido con la boca como entre silbido y chiflido simulando el sonido que hace el aire al escapar de la llanta. Me volví a reír. Hasta que una vez nos cacharon, Gabriel, ¡hijo de su puta madre! corrimos cada quién para donde pudimos. Para que no me alcanzaran, yo grité ¡allá va uno, allá va uno! señalando para donde se había ido mi hermano. Ya no se me hizo gracioso y no me reí, entonces no siguió. Me hubiera gustado que siguiera inventando mentiras porque yo sabía que sólo la primera parte era real. Como casi no me río, cuando algo me da risa trata de seguir por ese camino. Quisiera poder fingir y dar respuestas anzuelos para que me contestara más historias peces, pero soy muy torpe.
El otro día me platicó que desde los tres años quedó huérfano. Probes de nosotros, Gabriel, nos tocó vivir con otra señora con la que se casó mi papá, con una madrastra, Grabiel, pero nos dio de comer. Hace poco se murió la madrastra y me dijo que ella, al igual que él, tampoco sabía leer, y que se sentía endeudado porque él y sus hermanos hicieron que firmara unos papeles en los que les heredaba las tierras que había dejado su padre. Yo ya pagué mi deuda, Gabriel, ahora sí estoy tranquilo de mi conciencia. Fui y cooperé mil quinientos para que la enterraran. Probecita, ni un día nos hizo falta comida, frijoles o lo que hubiera, pero nunca nos faltó comida. Pero a veces también repite mucho lo mismo. No sé si para convencerse de algo o porque no se le ocurre nada más.
Casi no tengo recuerdos de mi mamá, que en paz descanse. Sí me acuerdo que una vez mi papá nos llevó a caminar al cerro, nomás íbamos de paseo, Gabriel. Yo iba hasta adelante y me acuerdo que mi mamá se me quedó viendo y dijo, ese niño va a salir bueno pa' caminar. Pero más no me acuerdo.
Yo te voy a decir una cosa, Gabriel. No a cualquiera se la digo. Sí se la digo a mi hermano, a mis sobrinos o a ustedes, pero a naiden más. Hay una plaga que se chinga la planta y yo me sé el remedio, pero es un secreto que yo sé. La plaga se llama peronósfora. El otro día a mi compadre Librado le cayó ¿sí lo conoces, no? y yo no le dije nada. Se le chingó toda la planta ¿ya ves que ya se le había chingado la otra vez por culpa del abono? pues otra vez le fue mal, pero ahora por culpa de la peronósfora. Yo nomás me quedé callado. No es por ser envidioso. Yo le pido a dios que me ayude a mí y que ayude a todos los demás, pero cada quién se rasca con sus propias uñas. A mí me dijo el secreto un ingeniero chingón, Gabriel. Ellos que se chinguen con sus ingenieros, pero no es por ser egoísta o envidioso, no no no, Gabriel.
A mí me gusta el pedo y el olor a mierda, Gabriel. Sí ves a ese que está ahí al borde de la carretera. Yo se la hice de pedo y se aculó, no le topó a los putazos. ¿Sí lo viste a ese que estaba ahí por donde pasamos? Ah, pues a ese una vez lo escuché, ni me estaba hablando a mí, pero yo estaba escuchando mi plática y también la de él. Y que le dice al que estaba ahí con él ¿sabes cuántos palos me echo? tres de harina y huevo. Que me doy la vuelta y que le digo, disculpe usted ¿cuántos palos dice que se echa? y que me lo confirma, Gabriel, tres de harina y huevo, amigo. ¡Tres pedos es lo que se ha de echar, amigo! y que se la hago de pedo y no le topó. A mí me gustan los putazos pero él mejor se cruzó la carretera y se fue por ahí, que no mame a su edad tres palos.
viernes, 9 de diciembre de 2016
Todos los días soy diferente porque todos los días son diferentes - Día 4
En twitter sólo dos personas me han bloqueado. Más preciso es decir que sólo sé de dos personas que me hayan bloqueado. La primera es amiga de una medio conocida y no sé su nombre, desconozco por qué lo hizo. La segunda se llama Nicole algo, olvidé su apellido o su nombre. Ella tiene un transtorno psicológico y lo presume. En más de una fotografía se ve guapa, no mucho. Una vez comenzamos a escribirnos por mensajes privados. En esos días mi papá compró otro carro nuevo y como mi hermano tiene camioneta nueva y mi mamá casi no maneja, eso significaba que yo me quedaría con el otro carro nuevo, el que se compró el año pasado. Nicole vive en Colima y yo no tengo amigos en Michoacán, que es donde vivo. Supongo que su estado queda a una distancia similar a la de la ciudad de México. Supongo que visitar a alguien en provincia podría ser más relevante que visitar a alguien el de efe, allá todos todo el tiempo están entretenidos, en provincia todos todo el tiempo estamos aburridos. En realidad lo de Nicole sólo era una introducción porque un día hablábamos de series, yo hablé de Louie, me dejó en visto, le reclamé, pensó que era un intenso y me bloqueó (hizo bien). No me dejen en visto cuando hablo de Louis C. K. O bueno, sí, me hace falta no ser tan ridículo. Me gusta pensar que no hay mejor ficción que la personal, como la que él ejercita tan brillantemente. Tengo un proyecto agonizante, que no termina de revivir ni de dar la última resollada. Las personas suben un dibujo a una fanpage y yo le escribo un cuento. Al principio pensé que sería muy fácil, después de escribir los primero seis o siete comencé a tardar más de tres o cuatro días. El último que debería ser el dieciseis ya me ha demorado casi dos meses. Ese proyecto me ha hecho postergar otros proyectos que no puedo arrancar porque no quisiera dejar ese antes de escribir cien cuentos, sistema decimal, no pregunten. Uno de los proyectos congelados es hacer mi propia autobiografía ficticia. Escribir aquí diariamente no creo que me detenga de estar preocupado por cuál será la próxima idea que utilizaré para un cuento, es decir, no me estorba para el proceso creativo de los cuentos. Tampoco es sencillo tener una gran idea para escribir todos los días en este blog, así que cuando me quede sin un tema claro, comenzaré a ejercitar la imaginación en mi vida cotidiana. Para ello trataré de ser verosímil y excluyo la posibilidad de sólo recordar, sin inventar.
Una vez escuché a alguien decir "¡gracias a dios por haberme dado un día más, qué afortunado soy!". Qué dolor de cabeza, qué haré hoy, ¿por qué no puedo dormir toda la vida? es lo que pienso yo todos los días al despertar. El problema de dormir toda la vida es que después de catorce horas, sólo quieres morirte o ir a llorar con tu mamá. Que la gente sepa que duermes mucho da harta pena. Más si es tu familia trabajadora, más si eres gordo, más si te gustan las bonitas, más si no tienes tenis nuevos, más si no hay fiesta ese día en la noche. Dicen además que si duermes más de ocho horas, te puedes convertir en un fuerte candidato a un paro cardíaco. Pero lo más fantástico de estar recién despierto es que podría estarte esperando Obama afuera de tu casa y seguro encontrarías una manera de justificarte para hacerlo esperar. Eso argumentos matutinos solo funcionan durante ese periodo estúpido del recién despertado. Disculpe señor Obama, estoy seguro de que usted entenderá que estaba soñando algo muy importante. Verá usted, es que estaba en la plaza de Uruapan y me iban a presentar a Marco Antonio Solis. Me habían dicho que le gustaban mucho mis dibujos y a lo mejor le podría vender uno muy caro. Eso hubiera solucionado mi situación económica por los siguientes meses. ¡No puede ser, dejé plantado al presidente de los EEUU, soy una basura, qué gran oportunidad dejé ir! Eso es lo que me pasa todos los días, pero sin Obama. Todo esto porque creo que para la autobiografía ficticia (urge que algún neólogo le ponga un nombre breve y con caché a este concepto) debe empezar por el inicio del día. O al menos esta ocasión. Después de iniciar una vez más el día tarde y arrepentido por no haberme despertado unos minutos antes, sigue buscar la ropa. Solo dos o tres veces en mi vida he dejado la ropa lista para el día siguiente. Buscar un pantalón sucio pero que aguante, una camisa recién lavada porque si repito camisa apesto y me da pena estar vivo, ropa interior obviamente limpia porque sí me doy asco y calcetines también limpios porque últimamente sospecho que me podrían oler los pies. Lo que sigue nunca es lo mismo, jamás. Todo lo hago en desorden, podría abrir twitter, instagram, ir a orinar, comerme una manzana, salir a decirle al señor que me ayuda en la huerta que ya voy, acostarme otro rato, sentarme en el sillón a odiarme un poco, pedirle dinero a mi papá para la gasolina o los químicos de la huerta, ver porno no, nunca veo porno en la mañana. A veces mi mamá me da una torta y un licuado pero a veces no. Supongo que ella es igual que yo y en la mañana nunca sabe qué hacer, pero como ya tiene más práctica parece que sí sabe qué hacer, pero si supiera todos los días me daría de desayunar o no lo haría, pero sería constante. Cuando me da, me ahorra como diez minutos. Si todavía hay agua en el garrafón que llevo a la huerta, lo subo así a la camioneta, si no hay, voy a rellenarlo a la tortilladora donde lo llenan con agua purificada por seis pesos. Si ya está muy sucio compro un garrafón nuevo, es decir, con agua nueva de bonafont. A veces le reviso el agua y el aceite a la camioneta, a veces no. A veces la caliento un par de minutos, a veces arranco así nada más. Ya se me acabó mi tiempo de escribir. Aquí es donde pido disculpas por no escribir tan bien. Pero lo estoy haciendo para mantenerme en forma. Creo que es más fácil aprovechar las ideas cuando uno está trabajando. Ya vi que sí tengo como veinte visitas cuando publico. Ya sé que es muy del 2008 pedirles que se manifiesten con un comentario, pero tampoco dependo de ustedes para seguir escribiendo.
Una vez escuché a alguien decir "¡gracias a dios por haberme dado un día más, qué afortunado soy!". Qué dolor de cabeza, qué haré hoy, ¿por qué no puedo dormir toda la vida? es lo que pienso yo todos los días al despertar. El problema de dormir toda la vida es que después de catorce horas, sólo quieres morirte o ir a llorar con tu mamá. Que la gente sepa que duermes mucho da harta pena. Más si es tu familia trabajadora, más si eres gordo, más si te gustan las bonitas, más si no tienes tenis nuevos, más si no hay fiesta ese día en la noche. Dicen además que si duermes más de ocho horas, te puedes convertir en un fuerte candidato a un paro cardíaco. Pero lo más fantástico de estar recién despierto es que podría estarte esperando Obama afuera de tu casa y seguro encontrarías una manera de justificarte para hacerlo esperar. Eso argumentos matutinos solo funcionan durante ese periodo estúpido del recién despertado. Disculpe señor Obama, estoy seguro de que usted entenderá que estaba soñando algo muy importante. Verá usted, es que estaba en la plaza de Uruapan y me iban a presentar a Marco Antonio Solis. Me habían dicho que le gustaban mucho mis dibujos y a lo mejor le podría vender uno muy caro. Eso hubiera solucionado mi situación económica por los siguientes meses. ¡No puede ser, dejé plantado al presidente de los EEUU, soy una basura, qué gran oportunidad dejé ir! Eso es lo que me pasa todos los días, pero sin Obama. Todo esto porque creo que para la autobiografía ficticia (urge que algún neólogo le ponga un nombre breve y con caché a este concepto) debe empezar por el inicio del día. O al menos esta ocasión. Después de iniciar una vez más el día tarde y arrepentido por no haberme despertado unos minutos antes, sigue buscar la ropa. Solo dos o tres veces en mi vida he dejado la ropa lista para el día siguiente. Buscar un pantalón sucio pero que aguante, una camisa recién lavada porque si repito camisa apesto y me da pena estar vivo, ropa interior obviamente limpia porque sí me doy asco y calcetines también limpios porque últimamente sospecho que me podrían oler los pies. Lo que sigue nunca es lo mismo, jamás. Todo lo hago en desorden, podría abrir twitter, instagram, ir a orinar, comerme una manzana, salir a decirle al señor que me ayuda en la huerta que ya voy, acostarme otro rato, sentarme en el sillón a odiarme un poco, pedirle dinero a mi papá para la gasolina o los químicos de la huerta, ver porno no, nunca veo porno en la mañana. A veces mi mamá me da una torta y un licuado pero a veces no. Supongo que ella es igual que yo y en la mañana nunca sabe qué hacer, pero como ya tiene más práctica parece que sí sabe qué hacer, pero si supiera todos los días me daría de desayunar o no lo haría, pero sería constante. Cuando me da, me ahorra como diez minutos. Si todavía hay agua en el garrafón que llevo a la huerta, lo subo así a la camioneta, si no hay, voy a rellenarlo a la tortilladora donde lo llenan con agua purificada por seis pesos. Si ya está muy sucio compro un garrafón nuevo, es decir, con agua nueva de bonafont. A veces le reviso el agua y el aceite a la camioneta, a veces no. A veces la caliento un par de minutos, a veces arranco así nada más. Ya se me acabó mi tiempo de escribir. Aquí es donde pido disculpas por no escribir tan bien. Pero lo estoy haciendo para mantenerme en forma. Creo que es más fácil aprovechar las ideas cuando uno está trabajando. Ya vi que sí tengo como veinte visitas cuando publico. Ya sé que es muy del 2008 pedirles que se manifiesten con un comentario, pero tampoco dependo de ustedes para seguir escribiendo.
jueves, 8 de diciembre de 2016
Aliens y siglo XXI - Día 3
Tengo en mente algunos temas, por ejemplo hace rato hablaba de los tenis con un amigo, le decía que la mejor manera de prejuzgar a alguien es por los tenis, siempre podría hablar de porno, pero eso implicaría especialmente lucirme y hoy no me siento tan lúcido. Tenía otro par de temas en mente, pero creo que debo aprovechar lo de los tenis.
A él (mi amigo) lo conocí en una escuela y el primer día de clases vi que traía unos tenis nike cosidos. Se veía que habían sido tenis medianamente caros, semiespecializados, ligeros y resistentes listos para un just do it en la montaña porque nos acababa de decir que hacía video con especialidad en aventura. En este texto no quisiera referirme a los prejuicios como algo malo y determinante, sino como a un sano acto de esparcimiento entre amigos, reales o imaginarios. Yo pensaba que mi amigo era muy pobre y que en lugar de comprarse otros tenis, se ahorraba el dinero para comprar frijoles la sierra o chiles en vinagre la costeña. Ya luego me enteré que estudiaba en el tec de monterrey y decidí que usaba sus tenis rotos como demostrando que no tenía nada qué demostrar a nadie; haciendo gala del lujo más caro de todos: la seguridad.
Leí hace algún tiempo que García Márquez había escrito cien años de soledad usando exclusivamente recuerdos de su infancia. Yo también creo que recordar es lo máximo y recordar la infancia lo es aún más. Hubo un tiempo en el que lo que cubriera mis pies no me importaba, sólo a mi mamá. Creo que hasta los cinco o seis años uno comienza a tomar conciencia de verse bien, incluyendo el tema del calzado. Porque una cosa es que te chuleen las amigas de tu mamá y tus tías y otra es que tus amigos de la primaria te respeten.
Zapatos de charol, el mustang de los zapatos escolares de principios de los noventa. Ahí empezó mi frustración. Mi papá me llevaba a comprar zapatos a la zapatería Canadá. Siempre me compraba los que él quería, de piel y que tuvieran suela de hule. Además de que a esa edad a uno le crece el pie demasiado rápido, eran pocas las actividades interesantes que no incluían andar gateando por todos los suelos, recuerdo incluso dibujar muy a menudo tirado como tapete. Por esas dos razones, íbamos a la zapatería seguido "cuiden los zapatos, valoren lo que tienen, yo siempre usaba huaraches, ya hubiera querido yo, blablabla" nos decía nuestro papá. Para mi padre, bolear zapatos siempre ha sido un ritual importante y eso nos enseñó: a andar siempre brillantes. Pero una cosa es el brillo causado por una buena voleada y otra es el brillo del charol, el brillo del charol encandila, te podías revisar el peinado en el reflejo, podías poner el zapato debajo de la falda de... todavía sigo en segundo de primaria, eso no es válido. Salir con exactamente el calzado que uno quiere puesto en los pies por primera vez es algo memorable, es una auténtica conquista lograda a base de berrinches y sobornos emocionales a nuestros padres. Aliens by Canada fue mi primer conquista. Siempre he tenido un resentimiento con mi generación por mamar Star Wars. La Guerra de las Galaxias representó un mind blow para quienes vivieron su estreno en los setentas. Eso dicen, pero para los que nacimos en los ochentas no. Nosotros crecimos en medio de la escalada de inovación en efectos especiales. La película punta de lanza para la edad que yo tenía en los noventas fue Men in Black, ver al principe del rap en un auto que podía andar por los costados de un tunel, luchando contra las cucarachas invasoras con las mejores armas que jamás hayan sido diseñadas por la ciencia ficción fue mi mind blow personal. Y la zapatería Canada no desaprovechó el momento para lanzar sus tenis con un aliencito que brillaba en la obscuridad. Años después, vino la conquista de una marca que pirateaba descaradamente a DC llamada Domba, pero al parecer nadie en el infonavit donde yo vivía sabía que eran una mala copia. Pero eran cómodos. Otra de las aportaciones de la moda skate, fue la gran oportunidad de bajarse el pantalón a medias nalgas. Qué fácil se escandalizaban los adultos en esos días. Bajarse los pantalones a medias nalgas en la secundaría implicaba también ser parte de un nuevo mundo: el mundo de los boxers: es decir, no podías traer el pantalón a medias nalgas si tenías una truza. Los boxers te legitimaban como un macho cuyos genes eran codiciados por las morritas sin saber qué les estaba pasando, eran feromonas hechas ropa. Mejor termino esta entrada antes de terminar hablando de geles fijadores de cabello extremos y otras maravillas de la clase media baja a principios del nuevo milenio. En esos días todo se llamaba siglo XXI.
A él (mi amigo) lo conocí en una escuela y el primer día de clases vi que traía unos tenis nike cosidos. Se veía que habían sido tenis medianamente caros, semiespecializados, ligeros y resistentes listos para un just do it en la montaña porque nos acababa de decir que hacía video con especialidad en aventura. En este texto no quisiera referirme a los prejuicios como algo malo y determinante, sino como a un sano acto de esparcimiento entre amigos, reales o imaginarios. Yo pensaba que mi amigo era muy pobre y que en lugar de comprarse otros tenis, se ahorraba el dinero para comprar frijoles la sierra o chiles en vinagre la costeña. Ya luego me enteré que estudiaba en el tec de monterrey y decidí que usaba sus tenis rotos como demostrando que no tenía nada qué demostrar a nadie; haciendo gala del lujo más caro de todos: la seguridad.
Leí hace algún tiempo que García Márquez había escrito cien años de soledad usando exclusivamente recuerdos de su infancia. Yo también creo que recordar es lo máximo y recordar la infancia lo es aún más. Hubo un tiempo en el que lo que cubriera mis pies no me importaba, sólo a mi mamá. Creo que hasta los cinco o seis años uno comienza a tomar conciencia de verse bien, incluyendo el tema del calzado. Porque una cosa es que te chuleen las amigas de tu mamá y tus tías y otra es que tus amigos de la primaria te respeten.
Zapatos de charol, el mustang de los zapatos escolares de principios de los noventa. Ahí empezó mi frustración. Mi papá me llevaba a comprar zapatos a la zapatería Canadá. Siempre me compraba los que él quería, de piel y que tuvieran suela de hule. Además de que a esa edad a uno le crece el pie demasiado rápido, eran pocas las actividades interesantes que no incluían andar gateando por todos los suelos, recuerdo incluso dibujar muy a menudo tirado como tapete. Por esas dos razones, íbamos a la zapatería seguido "cuiden los zapatos, valoren lo que tienen, yo siempre usaba huaraches, ya hubiera querido yo, blablabla" nos decía nuestro papá. Para mi padre, bolear zapatos siempre ha sido un ritual importante y eso nos enseñó: a andar siempre brillantes. Pero una cosa es el brillo causado por una buena voleada y otra es el brillo del charol, el brillo del charol encandila, te podías revisar el peinado en el reflejo, podías poner el zapato debajo de la falda de... todavía sigo en segundo de primaria, eso no es válido. Salir con exactamente el calzado que uno quiere puesto en los pies por primera vez es algo memorable, es una auténtica conquista lograda a base de berrinches y sobornos emocionales a nuestros padres. Aliens by Canada fue mi primer conquista. Siempre he tenido un resentimiento con mi generación por mamar Star Wars. La Guerra de las Galaxias representó un mind blow para quienes vivieron su estreno en los setentas. Eso dicen, pero para los que nacimos en los ochentas no. Nosotros crecimos en medio de la escalada de inovación en efectos especiales. La película punta de lanza para la edad que yo tenía en los noventas fue Men in Black, ver al principe del rap en un auto que podía andar por los costados de un tunel, luchando contra las cucarachas invasoras con las mejores armas que jamás hayan sido diseñadas por la ciencia ficción fue mi mind blow personal. Y la zapatería Canada no desaprovechó el momento para lanzar sus tenis con un aliencito que brillaba en la obscuridad. Años después, vino la conquista de una marca que pirateaba descaradamente a DC llamada Domba, pero al parecer nadie en el infonavit donde yo vivía sabía que eran una mala copia. Pero eran cómodos. Otra de las aportaciones de la moda skate, fue la gran oportunidad de bajarse el pantalón a medias nalgas. Qué fácil se escandalizaban los adultos en esos días. Bajarse los pantalones a medias nalgas en la secundaría implicaba también ser parte de un nuevo mundo: el mundo de los boxers: es decir, no podías traer el pantalón a medias nalgas si tenías una truza. Los boxers te legitimaban como un macho cuyos genes eran codiciados por las morritas sin saber qué les estaba pasando, eran feromonas hechas ropa. Mejor termino esta entrada antes de terminar hablando de geles fijadores de cabello extremos y otras maravillas de la clase media baja a principios del nuevo milenio. En esos días todo se llamaba siglo XXI.
miércoles, 7 de diciembre de 2016
Niños que hacen llorar a adultos - Día 2
No sé si sea tan útil hacerles saber que el reto de los cuarenta y cinco días buscando hacer un hábito lo estoy haciendo con tres cosas a la vez: brincar la cuerda, escribir media hora seguida sin editar y hacer un dibujo completo con tinta en mi libreta. Lo digo porque va en ese orden. Solo me detengo para tomar el agua un poco después de brincar la cuerda (también hay abdominales y lagartijas gratuitas) y para bañarme y cenar después de escribir. Me he dado cuenta que no tengo ningún hábito legítimo en mi vida, no hay nada que tenga que repetir todos los días: es decir, comer no vale, ni bañarme porque siempre me baño a diferente hora. Hace pocos días me propuse despertarme a las seis de la mañana, siempre he creído que despertarse temprano es de amo del universo, Porfirio Díaz se levantaba a nadar, Putin se levanta a domar osos, seguro Trump tiene unas niñas despertador que le dan su mamada a las cuatro de la madrugada y ya después se despierta a comerse el mundo. Dicen que los hábitos nos ahorran esfuerzo, que es la manera en la que nuestra mente dice "a huevo, hoy no me esforzaré con esta estupidez, ya sé cómo va" y hay gente que tiene como hábito escribir, suena paradójico pero no voy a perder los veinticinco minutos que me quedan explicando la paradoja, a nadie le importa.
Antes de brincar la cuerda fui a llevar a mi mamá a su Iglesia, después llevé una colcha seminueva que le regalé porque ya no tengo cama matrimonial a la lavandería y luego fuí a una tienda de agroquímicos por un par de polvos y líquidos que voy a aplicar mañana en la huerta con la bomba de motor. Hay tres empleados habituales en Agroquímicos de Michoacán S.A. de C.V. Uno es el típico imbécil que odia su trabajo y cree que debería estar en otro lugar triunfando en lugar de desperdiciar su tiempo dándole productos a la gente común corriente (así he sido yo, cuando he sido empleado), una chica que notablemente tiene mejor actitud (resignación) y que es la que le pica a la computadora para darte los precios y hacerte la factura en caso de que la necesites, y finalmente Thalía, la única cuyo nombre conozco. Lo conozco porque cuando yo tenía nueve años y ella ocho, compartíamos transporte para ir a la primaría. La chofer de la van, a la que nosotros decíamos combi, se llamaba Laura. Recuerdo que una vez la hicimos llorar. Yo era un niño cachetón que se sentía orgulloso cuando el grupo con el que estaba hacía llorar a un adulto. Yo nunca hice llorar a alguno que no fuera mi mamá, pero me sentía un campeón cuando mis amigos lo hacían. Talía, no sé por qué lo escribí con ache, sí; ella sí era de esos niños con lengua puntiaguda, me daba un poco de miedo pero me gustaba poquito, tenía la nariz finita. Su hermana mayor también viajaba en la combi, creo que se llama Tania y ella fue la primer marimacha que conocí (así les decíamos, no conocía otra manera de llamarle). Me acabo de dar cuenta de que Tania y Talía comparten cuatro de cinco letras. Hay padres tan frustrados creativamente que hasta el acta de nacimiento de sus hijos les sirve de lienzo. Tengo un amigo que le quería poner a su hijo Chocolate. Según yo, yo fui quien lo hizo desistir. De todos modos un día llego decidido a ponerle Urepan Jazand, no sé si lo mio fui un triunfo o un fracaso, después de todo Chocolate no estaba tan mal. Mi hermano menor, Daniel, también viajaba en la combi. Él también tenía y tiene una lengua con un ingenio brillante y afilado. Supongo que fueron ellos dos quienes la hicieron llorar y también Gustavo, uno más grande que era amigo de Daniel. Gustavo tenía una hermana (todos viajábamos en familia) llamada Lucía, recuerdo que era bonita pero gordita, no mucho, sólo llenita (regordeta, como dirían los educados). Ella dijo una vez que mi papá estaba guapo. Me gustó saber que mi papá era guapo, creo que fue la primera vez que lo noté. No sé si sea que era guapo o que, por su trabajo, se vestía demasiado formal; muy diferente al resto de los padres del Infonavit donde crecí. También a la maestra de biología en la secundaria la hicimos llorar, la hicieron llorar ellos. Debe ser horrible que te hagan llorar unos niños. Hace cinco o seis años, cuando estaba en la universidad fue a tocar a mi casa mi vecina Lili, tenía el rímel corrido y me preguntó si me podía dar un abrazo. Lili es de las personas más nacas que he conocido y parecía que siempre buscaba al mismo tipo de hombre: alto, gordo, con chaleco de mirrey, pero sobretodo que la tratara mal y la hiciera sentir basura. Digo esto porque Lili era maestra. Una vez le pregunté si le gustaba su trabajo y puso una cara como si uno de sus novios se le acabara de venir en la cara. Pobre Lili, pero pobres de los niños. Espero que la hayan hecho llorar mucho.
Cambié de párrafo porque debo seguir escribiendo pero esa idea ya quedó bien. Me quedan sólo cinco minutos. Puedo despedirme recuperando un poco la idea de Talía. Talía ya no es bonita, ni yo (siempre creí que fui un niño bonito). Me pregunto si me habrá reconocido, casi nadie me reconoce, por gordo y por barbón. ¿Qué hubiera pensado de mí? ¿Le habré causado la misma tristeza que ella a mí? Me la imagino toda endeudada con Coppel. Mi fantasía favorita para sentirme superior a los demás es imaginar que a todos los visita un cobrador en una moto amarilla todas las noches porque ya se retrasaron con la letra de la plancha que ya hasta rompieron. La plancha con la que le quitaban las arrugas a sus uniformes con los que deben disfrazarme para atenderme. Ahora deben pedir prestada una plancha. Talía nunca me han atendido a mí. Siempre me atienden los otros dos. Me pregunto si algún día me reconocerá.
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