Marco Tulio Ruiz de Saltillo Coahuila miente. Tengo un par de amigos mentirosos y no me molesta. Pero a algunos compañeros les cagó. La primer semana se durmió en clase. Yo hubiera apostado chingos de dinero a que él sería el desertor de nuestra generación. Me pareció un morro fresa que busca cursos para no tener que trabajar. Para que lo sigan manteniendo sus padres mientras puede entrar a la industria creativa, goei. El jueves de la primera semana nos llevó a los tacos y durante toda la comida no paró de platicar con Fer de conocidos del Tec de Monterrey. Lo interpreté como una expresión innecesaria de la cultura de tener contactos para lograr el éxito. Prometió conseguir morritas para todos pero no me ilusioné porque creí que desertaría en un par de semanas.
A mi nunca me importó el acento de Rogelio. Al principio creí que hablaba con seseo porque iba regresando de España. Lo engreído sí me molestó pero sólo un par de días. También durante la primer semana me tocó caminar junto a él cerca de media y me platicó sus planes. Al principio en invaders todos quieren ser cool a su manera. La de él es saber un chingo de negocios. La mía es hacer como que sé más de lo que realmente sé #esnobforever. Después de un rato de conocerlo te das cuenta que tiene el corazón puro a estilo Heidegger, es decir, sólo desea una cosa y desde ese deseo interpreta toda la realidad. Podría arriesgarme a decir que tiene algo contra su padre y lo quiere resolver triunfando. De prejuicios vivo, no me juzguen. Y ese es su deseo: aunque aun no tengo claro cómo lo logrará.
Me equivoqué, resistió las dieciséis semanas pareciéndole ingenuo a unos y refrescante a otros. Marco Tulio es un caballero pachamama. Es caballero al estilo Winklevoss o Federer, boina, suéter, zapatos lustrados, completamente erguido, normalmente tiene poca expresividad, es prudente y sutil en su trato social. Pero es pachamama, y su ecuanimidad se rompe con estruendosas risas de quien aprendió a reírse en la selva con los hippies. En medio de este extraño diagrama de Venn se encuentra él y su incapacidad de enojarse y mostrarse preocupado, mantiene la compostura como un Don y los chakras alineados como Buda.
Me equivoqué, resistió las dieciséis semanas pareciéndole ingenuo a unos y refrescante a otros. Marco Tulio es un caballero pachamama. Es caballero al estilo Winklevoss o Federer, boina, suéter, zapatos lustrados, completamente erguido, normalmente tiene poca expresividad, es prudente y sutil en su trato social. Pero es pachamama, y su ecuanimidad se rompe con estruendosas risas de quien aprendió a reírse en la selva con los hippies. En medio de este extraño diagrama de Venn se encuentra él y su incapacidad de enojarse y mostrarse preocupado, mantiene la compostura como un Don y los chakras alineados como Buda.
No planeaba convivir tanto con ellos hasta que quedé en el equipo final con ambos. Durante el peloteo nos toleramos pero no hubo química. Quedó una idea de Marco que no me convenció pero que ganó limpiamente ¿cómo darle la espalda a un caballero? Alan y yo nos partimos la madre como si fuera nuestra idea. No llevaron la misma putiza que llevamos Alan y yo. Rogelio nunca pudo demostrar su habilidades de productor porque no fue necesario. El fracaso del equipo recayó en mí y mi incapacidad de pedir ayuda a tiempo, de hacer trampa para lograr el objetivo. A una escuela no vas a hacer proyectos pagándole a alguien más para que haga lo que no te enseñaron a hacer en clases, ese fue mi argumento y fracasamos, fracasé.