Ayer empecé y hoy terminé la segunda temporada de Club de Cuervos. Me hace muy feliz Hugo Sánchez, en el episodio tres fue buenísimo, pero llegó a su punto más brillante con la referencia a Thundercats. Esa parte me llegó profundo porque es una burla de esos amores a primera vista que se desarrollan mágicamente. Siempre he querido conocer a alguien de esa manera porque la televisión y el cine me enseñaron que así se conoce a la pareja perfecta, que le tiras los libros a alguien que ama lo mismo que tú y el destino se encarga del resto. Fue como burlarme de una parte de mí que no sabía que tenía. El otro protagonista es Chava Iglesias, que se dedica gran parte del episodio a visitar los distintos mundos sorpresa que hay en las casas de campaña que están en la fiesta en la playa organizada por el magnate Ricky Lamas. En el viaje sentí una mezcla de envidia y ternura por Chava. Por una lado está persiguiendo a la comentarista deportiva mamacita a través de distintos escenarios llenos de lujos creativos para juniors aburridos de la vida. Nunca en mi vida iré a una fiesta así, ni cogeré con una morra así. En realidad no sé por qué me da ternura, supongo que porque el personaje está hecho para eso. Para estar seguro de sí mismo basándose en su poder y a través de toda la estupidez que representa el cliché del mirrey. Creo que burlarnos de los mirreyes sigue siendo la mejor manera de sobrellevar el no serlo. Esa sensación es mi favorita de la serie. El morbo de ver cómo se vive en los círculos más altos del deporte que sigue teniendo agarrado de los huevos a México. Mad Men es a los creativos lo que Club de Cuervos es a los pamboleros. Nos urgía esa ficción. Nos urgía imaginar cómo son los titiriteros de nuestra pasión. No es que yo ame el futbol, pero en México la pirámide alimenticia de las morritas sigue teniendo hasta arriba a los futbolistas. Lo que quiero decir es que el futbol siempre va a estar ahí, siempre vamos a llegar a la casa de un familiar que está viendo un partido, siempre nos van a invitar a ver una final, siempre veremos a un niño feliz con sus tachos nuevos o triste porque perdió una cascarita, siempre nos tocará orinar en el baño junto a alguien con una playera de su equipo favorito. Siempre ha estado ahí, pero nunca nos habíamos imaginado tan bien cómo funciona. Y si esto me generó el episodio tres a partir de la risa, el resto de los episodios lo hace con otros recursos, por ejemplo el episodio nueve se desarrolla como un misterio. El melodrama no podía faltar en el país de las telenovelas. No tengo ni puta idea de cómo se cierra un texto sobre una serie. ¿Puedo hacerlo diciendo que no mamen con Daniel Giménez Cacho disfrazado de Heissenberg? Tantita madre, hombre.
domingo, 11 de diciembre de 2016
Club de Cuervos - Día 6
Lo único más patético que ser crítico por cobardía es criticar críticos por envidia. Sería capaz de hacer un cortometraje solo para poder decirle a los críticos "por lo menos sí tuve los huevos" o algo así. Pero no todos los textos sobre obras ajenas tienen que se críticas formales. Un par de veces he sentido el impulso de escribir sobre el trabajo de algún tercero, hacer un texto más extenso, pero el desprecio que siento por los críticos me frena siempre, no quiero ser ese adolescente que en las tardeadas se queda a criticar a los que se mueven torpemente mientras suena human disco ball, porque ya lo fui, porque aprendí a respetar a los que hacen. Tampoco quiero demostrar que yo entiendo mejor una obra, ser ese tío que se encabrona viendo un partido y además se siente más verga porque sabe más de futbol que los demás, no quiero ser esa frustración. Tampoco creo en el vengador social, en ese que protege a la sociedad de los directores maldosos que quieren conquistar el mundo con su mal cine. Hoy decidí que escribiré de una serie que terminé, pero lo haré motivado en el olvido, tratando de engañarlo un poco. He visto y olvidado tantas películas y programas. Ya no recuerdo porque estaba fascinado con las cosas con las que lo he estado. No sé por qué fue importante South Park, Dragon Ball, Zenki, Sailor Moon, Charmed, La oreja, El juego de la vida, Evangelion, Samurai Champloo, Roma, Sopranos, The Wire. Ya pasó mucho tiempo. No sé por qué les dedicaba tanto tiempo ni qué me gustaba tanto de ellas. Lo puedo medio adivinar, pero lo cierto es que ya se borró casi todo. Hay un ilustrador que cada que termina una película le hace un dibujo. Creo que si escribiéramos las impresiones de las cosas importantes que hemos visto, no las olvidaríamos tan pronto y tal vez podríamos controlar un poco más la manera en la que nos afectan. Con esta entrada inauguro mi sección de recordador de sensaciones.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario