martes, 6 de diciembre de 2016

Bolsa de plástico - Día 1

Acabo de leer que si repetimos una actividad diariamente durante cuarenta y cinco días, esta actividad terminará por convertirse en un hábito. No es la primera vez que me suscribo a una dinámica de este tipo. En otra ocasión intenté escribir diariamente durante un año y creo que sólo lo logré cuatro días. De eso ya hace al menos cinco años. No es que ahora sea una persona con más fuerza de voluntad, lo cierto es que ahora tal vez lo necesite más que aquella vez. ¿Exactamente qué es lo que necesito? Básicamente sentir que tengo el control sobre algo. Los últimos diez o quince años he sido una bolsa de plástico a la deriva y no ha sido sublime ni poético como en american beauty, ni tampoco tan horrible. He tenido buenos momentos y un par de pequeños triunfos que me he repetido una y otra vez tratando de convencerme de que vale la pena seguir viviendo. Me he convencido a mí mismo de que no soy un enfermo mental que necesita medicarse, que sólo tengo malos momentos, como todos, que la poca energía que me mueve es un bajón químico ajeno a mí, que sí se me baja la pila es porque el ánimo es como el clima, a veces llueve mucho y a veces sale el sol, las florecitas y un estimulante olor a pasto recién cortado. A veces ha llovido tanto que no me puedo levantar del piso porque soy una bolsa de plástico y las bolsas de plástico pierden su volumen cuando llueve, se aplastan al piso y se llenan de una arenita que a veces llega a ser lodo. A veces sigue lloviendo por días y la corriente de agua urbana se convierte en el nuevo viento que me controla. Me arrastra al drenaje y me lleno de animales muertos, a veces me atoro en alguna piedra, a veces me enredo con alguna otra bolsa que también ha olvidado que está rodeada de mierda, que su viaje podría ser diferente. Pero no dejo que nada me desgarre, que nada me rompa en pedacitos de plástico, porque sé bien que los pedacitos de plástico no pueden nunca volver a ser bolsa. Sí tengo un par de agujeros, pero son chicos, o al menos supongo eso porque en general estoy en buen estado, eso creo. Lo sé porque a veces, después de meses, se termina el agua gris, a veces veo la luz al final de tubo de drenaje y el sol me seca, y el viento me limpia y me inflo y vuelo de aquí para allá, recupero mi brillante color natural y mi fragilidad se convierte en libertad, pero luego llueve otra vez y como soy bolsa, me pego al piso. Yo no soy una bolsa rota, no necesito que nadie me pegue con cinta. Una vez me pegaron, pero el pegamentO me hizo torpe, no era yo. Ya no voy a dejar que me peguen. Me han contado que si haces algo todos los días durante cuarenta y cinco días, puedes hacer que no llueva tanto, puedes controlar el viento y controlar el agua, si una bolsa hace ejercicio o escribe o dibuja, cuarenta y cinco días seguidos sera una bolsa más fuerte, como una bolsa bruja con poderes, y me parece buena idea. Hoy es el primer día y ya me faltan cuarenta y cuatro. Por lo demás, nada exige un tema de escritura.


Es cansado hablar de uno mismo como si fuera bolsa. Me dejé llevar, como los monólogos aburridos de Carlota en Noticias del Imperio. Es un libro que empecé a leer hace dos meses. Es muy grande, al principio pensé que serían algunas cuatrocientas páginas porque en el kindle no te dice la página en la que vas debido a que se puede configurar el tamaño de la letra y eso haría que tuviera más o menos páginas, pero en internet vi que la edición impresa consta de poco más de mil cien páginas. Si lo termino sería el libro más grande que he leído y fácilmente el más monstruoso. A veces yo olvido que escribir también puede ser un oficio que requiere disciplina. Una obra como Noticias del imperio sólo puede ser concebida bajo la más rigurosa disciplina de un genio. Estoy seguro de que la estoy disfrutando en un porcentaje muy bajo, a veces persigo con los ojos las letras durante varios párrafos sin entender nada y mi permanente ansiedad impide que regrese a verificar lo que quiso decir la incoherente de Carlota. Pero eso es lo bueno de la prosa poética, si le sigues tarde o temprano pescas otra idea entretenida.

A veces hablo solo y me siento bien, hablo mejor que cuando hablo con las personas, me escucho y me doy cuenta de lo horrible de mi voz y de mi tono, imagino mis gestos y me detesto. Debo ser insoportable, qué bueno que no hablo tanto con la gente, qué malo que no puedo ser más agradable, pero hablar solo me hace consciente de lo molesto que soy. Siempre lo hago en la camioneta, cuando vengo de regreso de la huerta. Lo peor que podría pasar es que alguien imagine que voy hablando con manos libres, con alguien muy incoherente.

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