El otro día me platicó que desde los tres años quedó huérfano. Probes de nosotros, Gabriel, nos tocó vivir con otra señora con la que se casó mi papá, con una madrastra, Grabiel, pero nos dio de comer. Hace poco se murió la madrastra y me dijo que ella, al igual que él, tampoco sabía leer, y que se sentía endeudado porque él y sus hermanos hicieron que firmara unos papeles en los que les heredaba las tierras que había dejado su padre. Yo ya pagué mi deuda, Gabriel, ahora sí estoy tranquilo de mi conciencia. Fui y cooperé mil quinientos para que la enterraran. Probecita, ni un día nos hizo falta comida, frijoles o lo que hubiera, pero nunca nos faltó comida. Pero a veces también repite mucho lo mismo. No sé si para convencerse de algo o porque no se le ocurre nada más.
Casi no tengo recuerdos de mi mamá, que en paz descanse. Sí me acuerdo que una vez mi papá nos llevó a caminar al cerro, nomás íbamos de paseo, Gabriel. Yo iba hasta adelante y me acuerdo que mi mamá se me quedó viendo y dijo, ese niño va a salir bueno pa' caminar. Pero más no me acuerdo.
Yo te voy a decir una cosa, Gabriel. No a cualquiera se la digo. Sí se la digo a mi hermano, a mis sobrinos o a ustedes, pero a naiden más. Hay una plaga que se chinga la planta y yo me sé el remedio, pero es un secreto que yo sé. La plaga se llama peronósfora. El otro día a mi compadre Librado le cayó ¿sí lo conoces, no? y yo no le dije nada. Se le chingó toda la planta ¿ya ves que ya se le había chingado la otra vez por culpa del abono? pues otra vez le fue mal, pero ahora por culpa de la peronósfora. Yo nomás me quedé callado. No es por ser envidioso. Yo le pido a dios que me ayude a mí y que ayude a todos los demás, pero cada quién se rasca con sus propias uñas. A mí me dijo el secreto un ingeniero chingón, Gabriel. Ellos que se chinguen con sus ingenieros, pero no es por ser egoísta o envidioso, no no no, Gabriel.
A mí me gusta el pedo y el olor a mierda, Gabriel. Sí ves a ese que está ahí al borde de la carretera. Yo se la hice de pedo y se aculó, no le topó a los putazos. ¿Sí lo viste a ese que estaba ahí por donde pasamos? Ah, pues a ese una vez lo escuché, ni me estaba hablando a mí, pero yo estaba escuchando mi plática y también la de él. Y que le dice al que estaba ahí con él ¿sabes cuántos palos me echo? tres de harina y huevo. Que me doy la vuelta y que le digo, disculpe usted ¿cuántos palos dice que se echa? y que me lo confirma, Gabriel, tres de harina y huevo, amigo. ¡Tres pedos es lo que se ha de echar, amigo! y que se la hago de pedo y no le topó. A mí me gustan los putazos pero él mejor se cruzó la carretera y se fue por ahí, que no mame a su edad tres palos.
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