Originalmente este texto sería regalado en una exposición junto a un cuadro que hizo un amigo, todo salió mal y no fue regalado donde debía pero como ya lo escribí y me gustó, se los regalo por acá.
La dinámica es simple, mi amigo Chez hizo una pintura de un personaje, a partir de ella realicé un texto.
La pintura (en la resolución que me la dieron), solo me dijeron que el personaje se llama kokonee:
El texto:
El hijo de Josemi.
Por Güistla.
El día de la castración universal todos lloraron pero
Josemi no, él se quedó concentrado,
buscando algo en su cabeza para distraerse del dolor insoportable que
acompañaba la agonía después de la triste mutilación, sus únicos amigos, los
charcos de agua con aceite le habían enseñado la cosa más valiosa y útil que
sabía, distorsionar la realidad y escapar de ella, cambiar y transformar todas
las cosas que no le gustaban revolviendo y agitando las percepciones como si
fueran dados adentro de un vaso, lanzarlo una y otra vez hasta que cayera lo
necesario para soportar el paso por su muy penosa vida.
Cuando los castraron a todos él arrojó los dados
incansablemente, buscaba la ilusión ideal, necesitaba algo intangible e ilógico
con la misma fuerza e intensidad que el dolor real. Había escapado con
fantasías de muchas situaciones incomodas. La vez que presenció una violación
se imaginó a sí mismo como un sol en medio de una pista de atletismo, los
planetas corrían para llegar primero y ser ovacionados por las estrellas. Ganó
Saturno porque cortó a los más grandes con sus anillos. La vez que no había
comido en nueve meses deformó el sabor del moho que había raspado de una pared
hasta que supiera como lentejas, Josemi amaba el sabor de las lentejas, pero no
siempre fue así al principio las odiaba y cuando las comía imaginaba que eran
bubulubus,
Claramente su mente siempre había sido fuerte, pero la
prueba final llegó cuando le cortaron su hombría. Ese día necesitó retorcer y
revolver mil veces lo poco que tenía a su alcance para crear un personaje y
platicar con él, no era muy aficionado a platicar con la gente, pero una cosa
es platicar con la gente y otra muy distinta es platicar con una creación
personal y eso era lo que él necesitaba. Esa es la razón del nacimiento de Kokone,
su inseparable compañero, producto de meter en su mente-licuadora un chicle de
fresa que tenía pegado en el pantalón y una piedra que tenía para defenderse
antes de quedar eunuco. Kokone era inteligente y cuando algo o alguien
intentaba recordarle el dolor y el trauma por la carencia de genitales a
Josemi, él hacía espectáculos de vapor y fuego rosa que exhalaba como dragón de
piedra, y era tan grande su maestría en ello que Josemi ha muerto sin saber que
vivió seis días sin pene. Obviamente murieron juntos.
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