Mi experiencia en digital invaders fue un terremoto de nepal mental. A estas alturas y después de varios intentos de escribir al respecto creo que nunca terminaré de entender qué pasó. Voy a escribir por partes lo que vaya recordando. Creo y espero que varios se van a emputar mucho. Ojalá sean maduros y aun así me consideren para colaboraciones o empleos futuros, no sean nenas.
Mi primer texto es una humilde queja hacía el nombre de la escuela, no me gusta. Tampoco me gusta el nombre que le pusieron a mi generación, es como ser centurial o decadial. ¿Quién aprueba los nombres de las generaciones? Ni modo uno se aguanta. Siempre sentiré una piedrita en la lengua cada vez que diga con orgullo que soy un imbeider y un miembro de la generación del nuevo milenio.
En próximas publicaciones hablaré de las friendzoneadas intensas, del genocidio de ideas, del romance de pollito con la comida, del insoportable egoismo de Luli, de como Mauro pedía permiso con una tierna mirada a Ulises para seguir siendo crítico, de como ser developer no quita lo naco y lo culero. Cuando crea pertinente cambiaré el nombre de algunos individuos, por ejemplo si hablo de Sadik diré Masokist para hacer la cosa más enigmática y para que no se ofenda nadie. Buscaré hablar del síndrome de Estocolmo, de mi inseguridad, de las decisiones mínimas que te joden la vida, de la paranoia total y a ver de qué más me acuerdo.
Eres mi escritor favorito, pero eso no cuenta mucho porque leo poco. Igual compraría todos tus libros aunque pudiera obtenerlos gratis en PDF.
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