Tenía un par de cortesías para una programación de cortometrajes
mexicanos noventeros pero decidí ir solo. No había casi nadie y empezaron las
proyecciones. Blanco y negro y muchas chichis. Elena y su amiga entraron en la
sala y se sentaron junto a mí. Helena fue atractiva y rebelde en otros años, los
cortos también. Se salieron antes de que acabara la programación, creo que no
les gustó.
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